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«Me gustaría encontrar las palabras adecuadas, pero soy incapaz. Hay emociones como esta que no se pueden transmitir, que sólo pueden sentirse». Sandra Sepúlveda no había tenido siquiera tiempo de secarse las lágrimas cuando atendió al micrófono de FIFA.com.

La guardameta de Colombia no se creía todavía del todo lo que acababa de conseguir frente a Francia. El empate conseguido por las Cafeteras durante los últimos minutos del partido que las enfrentó a México (1-1) ya había dado mucho de qué hablar. Y es evidente que la experiencia les gustó a las colombianas, que en esta ocasión obligaron al combinado francés a hincar la rodilla (2-0).

«El primer partido lo pasé en el banquillo a causa de una lesión. Hoy le tocó descansar a mi sustituta, que me ha animado como todas las demás. En nuestro grupo no hay ni pizca de envidias», asegura. Cuando se le pregunta por lo que se siente al tener que ver jugar a sus compañeras desde la banda, responde de inmediato: «Da lo mismo que juegue ella o yo. En una famila lo esencial es que todos estén contentos. La satisfacción personal pierde importancia cuando una comprende que tiene la oportunidad de conseguir algo histórico para su país».

En el partido inaugural, su amiga Daniela Montoya se encargó de anotar el primer gol de las Cafeteras en una Copa Mundial. Ahora, con su primera victoria en Canadá 2015, Colombia ha metido la directa, y no precisamente ante unas adversarias cualquiera. Philippe Bergeroo, seleccionador de las Bleues, quedó impresionado por el entusiasmo de las sudamericanas y no se privó de destacar los méritos de su guardameta. «Creamos varias ocasiones en el partido, pero delante tuvimos a una extraordinaria portera», se lamentó el exguardameta de los Bleus, que acudió a la Copa Mundial de la FIFA México 1986 como tercer portero de su selección.

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Reconocimiento internacional

El resultado es algo engañoso: las francesas tuvieron la posesión del balón, dispusieron de numerosas ocasiónes hacia el final del encuentro y bajo palos contaban con una meta en estado de gracia. «Cuando salté al campo, vi los flashes de los fotógrafos y escuché el estruendo de los aficionados, y me di cuenta enseguida de que no podía dejar llevarme por las emociones, pero fue duro. Me he tenido que repetir varias veces ‘contrólate'», explica la cancerbera de Formas Íntimas Medellín, a la que la emoción embarga todavía cuando describe aquellos instantes. «Teníamos muy presente la responsabilidad y la presión que supone defender nuestros colores. Eso hace que lo disfrutemos ahora aún más. No recuerdo haber sentido nunca emociones tan fuertes. El fútbol tiene la capacidad de hacernos sentir emociones de todo tipo».

Sepúlveda marcó la diferencia con sus atajadas, pero a la guardameta se le aceleró el pulso cuando Lady Andrade y Catalina Usme se plantaron solas ante Sarah Bouhaddi. «Me puse a gritar ‘¡Métela, métela!’. Ya ni me oía a mí misma. Hemos jugado de manera combativa y disciplinada, y con mucha sangre fría cuando ha hecho falta», afirma, antes de alabar la labor de Fabián Taborda. «Esta alegría se la debemos al seleccionador. Lo tenía todo previsto, lo había preparado todo y supo decirnos las palabras justas».

Designada mejor guardameta de la Copa América Femenina de 2014, Sepúlveda, de 27 años de edad, empieza a recibir ahora un reconocimiento internacional más asiduo. “A diferencia de otros equipos, nosotras no tenemos una competición en la que preparar torneos como este. Lo nuestro tiene mucho más mérito», insiste, pensando en sus rivales francesas de hoy, profesionales todas ellas y acostumbradas a disputar partidos de alto nivel. «Tenemos mucho talento y queremos aprovechar cualquier oportunidad para mostrarlo ante el mundo», concluye mientras se seca las últimas lágrimas.

Tomado de: FIFA.COM