Desde muy temprano  las trompetas , las cornetas y el amarillo, azul y rojo de nuestro país anunciaban que de nuevo había fiesta en el sector. En familia los colombianos asistieron masivamente al escenario que para muchos es su segundo hogar, para otros el primero, lo cierto es que el imponente estadio Nemesio Camacho “El Campín”  de nuevo abrió sus puertas para recibir a toda la gente que una vez mas  respondió con apoyo y entrega a la selección.

37.000 asistentes  se pusieron la mano en el pecho y entonaron el himno de nuestro país, no dejaron de vibrar con la imparable ola que navego por todas las tribunas, las gargantas corearon el “Colombia es Caribe, Colombia es pasión”  sin cesar, los rostros pintados, las pelucas de pibe y los gorros de arlequín engalanaron «El Campín».

Y como no mencionar los nuevos personajes de nuestro mundial, como el Pulpo cucuteño y su copa, fabricada con tubos y mucho tesón, la  autóctona delegación de los gaiteros de San Jacinto, o al Cole vallenato que porta en su cabeza el acordeón, tampoco el cole Bogotano que  quiso ver la capital con representación y por último al señor Colombia que desde su cabeza hasta los pies  porta vestido de tricolor.

La armonía y unión se vive cada vez que juega nuestra selección, en cada rincón,  desde los que por su ocupación se olvidan del balón y  se inquietan por que el público goce y se  deleite con su sazón, hasta los que jugada tras jugada miran en el firmamento, el tradicional cerro de Monserrate implorando un gol.

En triunfo finalizo y esta será otra noche más de recordación, pues solo se necesita ser colombiano para contagiarse del gran espectáculo que vive nuestro país y del gran momento que pasa la amada y cortejada Selección Colombia.