Llegamos a cuartos de final y como siempre el apoyo y decoro de los colombianos fue  vital en triunfos pasados. Hoy el país  goza  y vibra con el recuerdo del camino futbolístico que nos condujo a esta importante instancia.

Pero en este momento la parte deportiva no es la única que evocamos. El retorno de las familias al estadio demostraron que sí podemos soñar y entre todos construir un mejor mañana para el presente y futuro de los colombianos.


La presencia de los niños y niñas en las diferentes tribunas, es uno de los tantos legados de esta Copa Mundial Sub-20 de la FIFA Colombia 2011. Para muchos de ellos,  la primera vez que asistían al estadio. Para otros la segunda o tercera, pero con un escenario diferente; sin violenccia e intolerancia, sino con paz, amor y alegría.

Ellos aprendieron con nuestra fiesta, la comunión que debe haber entre público y jugadores, entendieron que el apoyo debe ser incondicional aún con un marcador en contra, vibraron con el anhelado gol y abrazaron al desconocido, toleraron y  soportaron las cornetas que en algunos momentos se tornaron intensas, analizaron que en realidad desde fuera cada jugada se ve muy fácil y que no hay lugar para juzgar; conocieron un amigo cómplice en momentos de soledad llamado fútbol, creyeron en Colombia y entendieron que el gusto y afecto por este deporte nos une .

Estamos pasando el examen no solo como anfitriones y organizadores. También como forjadores de principios y valores en nuestros niños, el reto que tenemos ahora es mantener esa grata  imagen y  que esta sana convivencia se nos convierta en tradición, para que ellos y futuras generaciones puedan seguir gozando de la gran fiesta del fútbol.